Día Internacional de la Salud de las Mujeres

La apuesta a las transformaciones sociales.

 

¿De dónde vienen los cambios sociales? Del dolor y los padecimientos que pueden superarse construyendo esperanzas, encuentros, historias visibilizadas, calles ocupadas. Ejemplo de ello es la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLAC) la cual, en 1987, propuso instaurar el día de acción global de la salud de las mujeres como recordatorio de la necesidad de abordar las múltiples causas de enfermedad y muerte que afectan a las mujeres y de trabajar en favor de su atención, prevención y tratamiento.

 

Este, como tantos otros impulsos, surgió a partir de siglos de luchas de distintos colectivos de mujeres que desobedecieron el mandato de sujetarse al ámbito privado y decidieron ocupar el espacio público para hablar, para nombrar sus padecimientos y sus necesidades específicas. De mujeres que formaron grupos feministas y se unieron a movimientos LGBTIQ+, a estudiantes, trabajadoras y trabajadores y movimientos sociales para reclamar un cambio cultural y para convertir las luchas contra los estereotipos de género en una oportunidad para construir modos distintos de estar en sociedad.

 

Específicamente, el día internacional de la mujer impulsa el fortalecimiento del acceso a la salud como un derecho humano básico, con un énfasis especial en derechos sexuales y reproductivos, pero no sólo a ellos. Insta fundamentalmente a reflexionar sobre los padecimientos desiguales por el sólo hecho de ser mujeres, como por ejemplo las consecuencias de la sobrecarga de la distribución de las tareas de cuidado. En ese sentido, nos advierte, que vivir subordinadas a un mandato social que limita las potencias del ser debilita, enferma y mata.

 

Esa es la potencia transformadora de los movimientos de mujeres, por eso son capaces de convertir los padecimientos en semilla de transformación social. Con los movimientos de mujeres aprendimos cómo enfermábamos y moríamos cuando la cultura patriarcal exigía compasión, dedicación, servicio y delicadeza a costa del olvido de nosotras mismas. Cuando la satisfacción de los instintos y de la fuerza era territorio que nos estaba vedado y que nos obligaba a estar siempre mirando fuera para descubrir que se esperaba de nosotras. Estos movimientos fueron develando qué pasaba cuando nuestra energía se derrochaba en gastos adaptativos y defensivos constantes.

 

Sobre estas vidas subordinadas que llevan a actitudes defensivas constantes, Nietzsche a mediados de 1800, decía:

 

… los gastos defensivos, incluso los más pequeños, si se convierten en regla, en hábito, determinan un empobrecimiento extraordinario y completamente superfluo. Nuestros grandes gastos son los gastos más pequeños y pequeñísimos. … Simplemente por la continua necesidad de defenderse puede uno llegar a volverse tan débil que ya no puede defenderse más[1].

 

Muchas de nosotras estuvimos allí demasiado tiempo. Perdiendo el rumbo, desorientadas, hiper-reactivas, susceptibles, enfermas de subordinación.

 

No vivir la propia vida. Obligadas a vivir la vida a través de otras personas porque se esperaba que, dulce y abnegadamente, estuviéramos siempre dispuestas al servicio, hasta convertirnos en viudas, viudas de la vida y de la muerte. Mujeres de negro sentadas en la puerta de pueblos blancos.

 

Enfermas, debilitadas. Nuestro destino: amar al prójimo, vivir para otros y para otra cosa se convirtió en una coraza que aisló y desvitalizó nuestra superficie e impidió conservar la más dura mismidad[2]. El mandato de suavidad, de abnegación y de servicio no dejaba lugar para una opción dionisíaca y vital de la vida, por eso debilitadas, enfermábamos.

 

Y me dan por la cabeza… y al momento ni me acuerdo.

Sigo mansa, sigo lerda, siempre igual.

Convencida y obstinada en el bien y la nobleza.

¡Y me dan por la cabeza, y me la vuelven a dar!

Yo no sé si esto es sublime, yo no sé si soy tonta,

siempre lista, siempre pronta a entregarme a los demás…

A confiar en los amigos, a creer en los amores,

y en los peces de colores y ¡en la Paz Universal![3]

 

Hasta que, tomamos el coraje de salir de ese lugar. Nos dimos cuenta de que lo que pedía la cultura eran metas que no fueron pensadas para fortalecernos, sino para debilitarnos y dominarnos. Decidimos desoír el mandato del olvido y de la mutilación de nuestros instintos.

 

Fuimos abriendo caminos. Y poco a poco pudimos comenzar a liberarnos, aprendimos que necesitábamos fuerza y entrenamiento porque …

…proporcionarse a sí mismx su propia ley, …, exige atreverse a enfrentar la totalidad de las convenciones, las creencias, la moda, los científicos y sus teorías absurdas, el silencio público…[4].

 

Aprendimos que se trata de construir nuevos devenires en constante fluir, para abrir otras formas de ser mujeres, y otras formas de ser personas. Devenir mujeres abriéndolo a nuevos significados. Devenir átomos. Universos que siguen sus propias reglas. Infinitos entrecruzamientos conscientes de sí mismos, aunque sean invisibles de tan pequeños. Átomos silenciosos, conscientes de sus fuerzas y por eso capaces de convertirse en tempestades[5].

 

Transvalorar, inventar otros caminos. Abandonar metas ilusorias y mentirosas. Devenir feminidades capaces de construir nuevos flujos, de recorrer y crear nuevos mundos. Mundos en los que quepan muchos mundos[6].

 

Aquí una propuesta subjetiva con fuerte potencia política: convertirnos en átomos de feminidad poderosos. Subjetividades que por la fuerza propia de ser sí mismas sean capaces de seducir en su recorrido a otras personas dispuestas a implicarse. Personas que quieran devenir novedades, colectivos vulnerabilizados, personas trans, varones que renuncien al mandato del macho, pueblos subordinados, colectivos estigmatizados. Personas que hayamos aprendido la lección, que sepamos que hay posibilidad de habitar otros mundos, porque…

 

La persona humana singular es un fragmento de caos y, al mismo tiempo, él mismo es un fragmento de una instancia de formación de vida, esa potencia de la creatividad del ser como tal[7].

Las mujeres sabemos más que nadie, que nada nace de la nada, y por eso decidimos parir transformaciones sociales.

 

 

[1] F. Nietzsche. Ecce Homo. Editorial Alianza. 5ºedición 2005. Pp. 56.

[2] F. Nietzsche. Ecce Homo. Editorial Alianza. 5ºedición 2005. Pp. 57.

[3] Eladia Blázquez

[4] Cornelius Castoriadis. Figuras de lo pensable. 2002. P. 118

[5] Deleuze, G.; y Guattari, F. Mil Mesetas Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-Textos. 2006

[6] Lema del Ejército de Zapatista de Liberación Nacional en México, que es un movimiento popular que promueve la defensa de derechos colectivos e individuales para los pueblos indígenas mexicanos a partir de nuevas formas de hacer política.

[7] Cornelius Castoriadis. Figuras de lo pensable. 2002. P. 203.

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Por: Alejandra Sánchez Cabezas

Fundadora y directora general. Médica, especialista en ginecología, Máster en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud, Doctora en Ciencia Política. Miembro de la Red Internacional Ashoka.

alejandra.sanchezcabezas@gmail.com

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