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Salud sexual y reproductiva en la salud de las mujeres: una deuda pendiente

Un contexto de desigualdad

 

Existen diferencias entre las maneras de enfermar y las causas por las que mueren las personas según se trate de varones o mujeres. Aunque las mujeres sean más longevas que los hombres y las principales causas de muerte sean las enfermedades cardiovasculares, los problemas vinculados a la salud sexual y reproductiva siguen teniendo una alta prevalencia. 

 

En el mundo, cerca de 830 personas con capacidad de gestar fallecen por día por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto. De una manera más clara: esto implica más muertes diarias que las que sucederían si se cayeran dos aviones por día o si chocaran más de 14 colectivos con la muerte del total de los pasajeros. No tenemos dudas de que, si esto pasara, sería tapa de todos los diarios y noticieros más importantes y todos los gobiernos del mundo implementarían medidas urgentes para disminuir este evento. En este sentido, la Agenda de Naciones Unidas 2030 para el Desarrollo Sostenible resalta la importancia de la atención continua a la salud de las personas con capacidad de gestar durante todo el período reproductivo y para ello propone específicamente garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva. 

 

Muchas personas que tienen la intención de limitar su fertilidad o retrasar la maternidad continúan dependiendo de métodos con tasas relativamente altas de fracaso de uso típico tales como los anticonceptivos orales o el preservativo peneano usado como único método. En los países subdesarrollados, más de 200 millones de mujeres todavía no logran acceder a un anticonceptivo moderno. Aproximadamente una de cada cuatro mujeres sexualmente activas (24%) no están utilizando un método de anticoncepción moderno a pesar de no tener deseos de embarazo. En nuestro país, si bien no contamos con datos actualizados, la falta de acceso a métodos adecuados se refleja en los resultados: alrededor del 70% de las personas en edad fértil con capacidad de gestar no acceden a los mismos y el 60% de quienes son dadas de alta de un parto o cesárea no habían planificado ese embarazo, cifra que se incrementa al 70% en las adolescencias. 

 

  • Sobre los métodos anticonceptivos modernos
    Cuando hablamos de métodos anticonceptivos modernos, nos referimos a los métodos anticonceptivos de larga duración, específicamente al DIU (dispositivo intrauterino) y los implantes subdérmicos. Los estudios más importantes muestran que quienes usaron estos métodos tuvieron 21 veces menos probabilidades de embarazarse que las personas que usaron anticonceptivos orales y que, cuando se ofrecen libremente, más del 70% los elige, con niveles más altos de satisfacción y tasas de continuación a los 12 y 24 meses que los anticonceptivos orales. Hay numerosas evidencias que demuestran la altísima eficacia de estos métodos en la prevención de embarazos no intencionales: porque ofrecen mayor seguridad en el uso, porque no dependen de la usuaria, porque presentan un rápido retorno a la fertilidad una vez removidos, y porque presentan una tasa de falla global inferior al 1%.
  • Mitos y verdades sobre el DIU
    Con respecto al DIU, que es el método más costo-efectivo, parte de las barreras para su uso son algunos de los mitos que continúan circulando y que limitan su acceso al generar inseguridad en las usuarias. Veamos algunos de ellos:

«El DIU es peligroso, puede causar infecciones e infertilidad»: la Organización Mundial de la Salud (OMS) llevó a cabo múltiples estudios con cientos de miles de mujeres alrededor del mundo, y todas las pruebas desmienten este mito. 

 

«Es preferible indicar DIU en mujeres adultas, casadas, o que ya tienen hijos»: está indicado para cualquier persona sexualmente activa que no quiere tener un embarazo, se puede colocar sin riesgo en personas que no hayan tenido embarazos previos y durante la adolescencia.

 

«Colocarse un DIU es muy doloroso»: el dolor es subjetivo y puede variar mucho de una persona a otra. Es complicado predecir cómo se va a reaccionar de antemano, pero la colocación de un DIU no debería ser dolorosa, y las molestias o dolores vinculadas al ciclo menstrual deberían ser adecuadamente manejados con analgésicos en todas las personas, con o sin DIU.

 

«Hay que hacerse una prueba de Papanicolaou (PAP) antes de colocar un DIU»: las pruebas de Papanicolaou no tienen nada que ver con ningún anticonceptivo, incluyendo al DIU. De todas maneras, durante la colocación del DIU, si no es durante la menstruación, puede ser un buen momento para la realización de un PAP (sentido de oportunidad) o en el encuentro de control posterior. 

 

«El DIU puede molestar a la/s pareja/s sexual/es»: el DIU se coloca dentro del útero, por lo que es indetectable para otras personas. Al momento de la colocación se debería cuidar que los hilos sean lo suficientemente largos para que se plieguen detrás del cuello uterino y no molesten.

 

  • Reflexiones finales
    La reforma constitucional de 1994 incorporó el artículo 75 inciso 22 por medio del cual el Estado argentino reconoció constitucionalmente el derecho a la salud sexual y reproductiva, dos derechos humanos distintos entre sí, pero inescindiblemente unidos. Este fue el primer eslabón en el reconocimiento del derecho a gozar de una sexualidad libre, sin coacciones, discriminación ni violencia alguna y a elegir tener o no hijas/es/os, cuándo y cómo hacerlo. Quienes decidan para sus vidas no acceder a estos derechos no deberían poner barreras a quienes sí quieran hacerlo. Una sociedad democrática y libre exige el respeto por quienes deberían tener constitucionalmente garantizado este derecho.

Lo antedicho significa que la salud sexual y reproductiva implica una sexualidad satisfactoria y segura, y que incluye la libertad de tener hijos, cuando tenerlos o no tenerlos. Por todo esto es que todos los métodos anticonceptivos, y especialmente los métodos modernos de larga duración, deberían estar disponibles a todas las personas con capacidad de gestar durante toda su etapa fértil. Especialmente, en las adolescencias, etapa en la cual estos últimos deberían ser la primera elección. En este sentido es importante destacar que, de acuerdo con el Código Civil, desde los 16 años se puede acceder a ellos sin necesidad de contar con la autorización de una persona adulta, y que entre los 13 y los 16 sólo requieren que las acompañe una persona referente afectiva para acompañar la toma de decisión.

 

Las mujeres siguen siendo quienes se ocupan principalmente de procurar cuidados a otras personas en los hogares, es hora de que nos ocupemos de garantizar su acceso a la salud en su integralidad, y específicamente asegurar su salud sexual y reproductiva.

 

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Referencias bibliográficas:
– Chou D, Daelmans B, Jolivet RR, Kinney M, Say L; Every Newborn Action Plan (ENAP) and Ending Preventable Maternal Mortality (EPMM) working groups. Ending preventable maternal and newborn mortality and stillbirths. BMJ. 2015 Sep 14;351:h4255. doi: 10.1136/bmj.h4255.

– Encuesta Nacional Sobre Salud Sexual y Reproductiva. Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, Ministerio de Salud; Instituto Nacional de Estadística y Censos – INDEC. Documento de Trabajo N° 1: Acceso y uso de métodos anticonceptivos. Mujeres de 14 a 49 años. Buenos Aires. Ministerio de Salud de la Nación, 2013.

– Estadísticas Vitales. Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS). Secretaría de Gobierno de Salud. Ministerio de Salud y Desarrollo Social. Disponible en: http://www.deis.msal.gov.ar/index.php/estadisticas-vitales/

– Guttmacher Institute. Necesidad insatisfecha de anticoncepción moderna 2017. Disponible en: https://www.guttmacher.org/es/infographic/2017/-necesidad-insatisfecha-de-anticoncepcion-moderna-2017

– Organización Mundial de la Salud, Unicef, UNFPA, The World Bank, United Nations Population Division. Trends in maternal mortality: 1990 to 2015. November 2015. 

– Organización Mundial de la Salud. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/women-s-health

 

 

Foto de portada: Freepik

 Por: Dra. Alejandra Sánchez Cabezas

Por: Dra. Alejandra Sánchez Cabezas

Consejo Salud Comunitaria de la SAM
alejandra.sanchezcabezas@gmail.com

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